Esas empresas españolas…

Este relato, que hoy día se recibe por email de algún amigo, cayó en mis manos hace ya más de 20 años. Dada su permanente actualidad, aprovecho que me lo acaba de reenviar mi colega Juan Peña y lo transcribo a continuación:

Se cuenta que hace tres años se celebró una carrera de remo entre empleados de una empresa japonesa y de otra española. Se dió la salida y los japoneses empezaron a destacar desde el primer momento, llegando a la meta con una hora de ventaja sobre el equipo español.
La dirección de la empresa española analizó las causas de tan amarga derrota y advirtió que el equipo japonés estaba compuesto por 10 remeros y un jefe de equipo, mientras que la tripulación española la componían 10 jefes de equipo y un remero, por lo que se decidió adoptar las medidas adecuadas.
En 2005, la tripulación japonesa llegó dos horas y media antes que la española. La Dirección se volvió a reunir y, tras un sonoro rapapolvo a la Gerencia, concluyeron que los japoneses habían repetido estrategia (10 remeros y 1 jefe de equipo), mientras que la innovadora tripulación española, remozada tras las eficaces medidas tomadas el año anterior, estaba compuesta por: 1 jefe de equipo, 2 asesores a gerencia, 7 jefes de sección y 1 remero. La conclusión de la Dirección fue unánime: el remero era un incompetente.
De nuevo, en 2006, tras encargar una innovadora trainera al departamento de nuevas tecnologías, la ventaja de los japoneses fue de cuatro horas. El equipo directivo reunido para analizar las causas del nuevo desastre comprobó que el equipo nipón había optado por la ya tradicional formación (1 jefe de equipo y 10 remeros), mientras que el español, tras una auditoría externa y el asesoramiento especial del departamento de organización, había optado por una formación mucho más vanguardista: 1 jefe de equipo, 3 jefes de sección con plus de productividad, 2 consultores de Accenture y 4 vigilantes jurados que no quitaban ojo al único remero de la tripulación, al que habían amonestado y castigado quitándole los pluses e incentivos tras el fracaso del año anterior.
Tras varias horas de reuniones, se acordó que, para la regata de este año, el remero sería un becario o en su defecto, una contrata externa, ya que, a partir de la vigésimo quinta milla, se había venido observando cierta dejadez en el remero de plantilla, actitud que rozaba el pasotismo, con comentarios del tipo “el año que viene va a remar su puta madre” al llegar a la línea de meta.

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1 comentario

  1. Todavía me estoy partiendo la risa….le viene que ni al pelo en la estructura de mi organización….yo , sin duda, soy el remero de turno.


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