La misteriosa explosión de Tunguska

30 de junio de 1908, Siberia central. Hoy, hace 100 años, se produce una tremenda explosión de una potencia estimada en 20-40 megatones que desvasta miles de kilómetros cuadrados. Lo inaccesible de la zona y sus escasas comunicaciones dejan como mudos testigos a cientos de miles de árboles arrasados y a unos pocos pobladores que viven en zonas aledañas. El epicentro del fenómeno, según se comprobará mas tarde, se ubica a 62 grados de latitud norte y 101 grados de longitud este, en el área del río Tunguska, 90 km. al norte de la localidad de Vanavara, en un área deshabitada de frondosa vegetación. Se trata de un auténtico fenómeno de origen desconocido y características apocalípticas proveniente del cielo.

La explosión se ha escuchado a más de 700 kilometros de distancia. La onda expansiva, portadora de un fuego devastador, ha arrancado de raíz y quemado la inmensa mayoría de los arboles en un radio de 30 a 40 kilómetros. Una densa columna de gases y polvo se habría elevado hasta casi 20 kilómetros de altura. El área total afectada se estima en cerca de 2.000 kilómetros cuadrados. Los sismógrafos de los observatorios asiáticos de Irkurst y Tifilis (Georgia), entre otros, registran el fenómeno, que es seguido por una fuerte perturbación electromagnética.

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Pocas horas más tarde una extraña luminiscencia a gran altura en los cielos comienza a ser observada desde latitudes muy distantes. En Europa Central, en Gran Bretaña y también en EE.UU. se percibe el fenómeno durante varias noches. No hay explicaciones, sólo conjeturas sobre el origen del suceso.

La noticia en la URSS se propaga muy lentamente, desestimándose la magnitud y trascendencia de los hechos, por lo que el fenómeno permanecerá ignorado durante años. La zona además es casi inaccesible y está muy poco poblada. Rusia vive otras urgencias, con la caída del regimen zarista se inician 70 años bajo un férreo régimen comunista que, además del aislamiento, alimenta recelos y desconfianza hacia occidente.

En 1927 una revalorización de los testimonios recogidos movilizará a una expedición de la Academia Nacional de Ciencias de la URSS, encabezada por el cientifico Leonid Kulik a la zona, documentando el suceso en fotografías y recogiendo evidencias. El suyo será el primer aporte científico para la dilucidación del suceso que se prolongará en sucesivas expediciones.

En 1930 el astrónomo Whipple, entonces director del Observatorio Geofísico de Kew, en el Reino Unido, logra reconstruir a través de registros microbariométricos de distintos observatorios del mundo, entre ellos los de Irkutsk y San Petersburgo en Rusia, Copenhague, Berlín y Postdam en Alemania, Zagrev, Greenwich, Jakarta y Washington, el recorrido y velocidad de la onda expansiva a lo largo del planeta en el momento de los hechos.

En 1938 Leonid Kulik realiza un nuevo estudio aerofotográfico de la región, pero la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias postergarán en Rusia por casi dos décadas cualquier nueva investigación de campo.

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Pero, ¿se trataba de un meteorito o un cometa? A finales de los 50 vuelve el interés por esclarecer el enigma, ya que una de sus hipótesis más inquietantes es la posible entrada a la atmósfera de un meteorito importante proveniente del espacio exterior. Diversos testimonios aseguraban haber percibido visualmente el fenómeno a más de 500 kilometros de distancia, indicando que un objeto de grandes dimensiones surcó los cielos a gran velocidad a primeras hora de la mañana, estrellándose. Sin embargo, la ausencia de cráter y de fragmentos hace disminuir las posibilidades de adjudicar el fenómeno a la caída de un meterorito de gran tamaño. Otra hipótesis sugiere el posible ingreso a la atmosfera de un pequeño cometa, que se desintegró a unos 15.000 metros de altura en medio de una violenta explosión.

Desde 1989 Rusia participa de las investigaciones junto a científicos occidentales, multiplicándose así las expediciones para estudiar el lugar de los hechos y buscar nuevas evidencias. Sin embargo, surgen otras hipótesis controvertidas. Durante las últimas décadas los avances en física y astronomía dan pie a otras teorías, como el impacto de antimateria y hasta la colisión con un agujero negro de pequeñas dimensiones. Incluso el reexamen de las declaraciones de testigos cercanos, que adjudicaban al objeto una apariencia cilíndrica y en algunos casos hasta aparentes correcciones de trayectoria durante su caída, llevan a relacionar el suceso con los fenomenos OVNI, llegando a sugerirse que ha sido el estallido en la baja atmósfera de una nave propulsada por energía atómica de origen desconocido, dadas las similitudes con los efectos producidos en ocasión de los bombardeos atómicos a finales de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo las perturbaciones magnéticas. Esta última teoría fue apoyada por científicos rusos hace muy poco tiempo.

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Justo un siglo después del enigmático suceso los científicos no han logrado establecer un consenso definitivo sobre el origen del fenómeno, por lo que el enigma continúa.

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3 comentarios

  1. Realmente impresionante, parece sacado de una película.
    Ahora entiendo ese dicho que dice la realidad supera a la ficción.
    SALU2

  2. Fantástico documento.
    La serie Expediente-X hizo varios capitulos sobre Tunguska, evidentemente relacionandolo con fenomenologia UFO.
    Recuerdo que me llamó la atención porque hasta ese momento no había oido nada sobre el tema, y la verdad es que buscando afanosamente tampoco había sacado agua clara sobre esto.
    Esta entrada me ha clarificado mucho la curiosidad.
    Enhorabuena por el blog.

  3. Buen artículo.

    Lamentablemente, un siglo después, seguimos, por mucho que digan, sin tener ni puñetera idea de qué es lo que pasó en tunguska, aunque yo me inclino más por la teoría del asteroide o cometa. Un vehículo espacial propulsado por energía atómica es una idea ya desechada por la NASA (proyecto orión, no confundir con la nueva mision a la luna) por lo peligroso y por la escasa relación rendimiento/riesgo, pues sólo da el doble del empuje de un motor químico. Otra cosa es que, si se demostrase que aquello lo provocó efectivamente un vehículo entrando en la atmósfera, cosa que dudo mucho, habría que pensar en otro tipo de propulsión que pudiese causar esos efectos de radiación, perturbación electromagnética, etc, cosa que hoy es imposible de demostrar con nuestra tecnología, y sólo se me ocurre un elemento capaz de causar tal devastación: un reactor de antimateria. Sí, al estilo del que lleva el Enterprise. Sobre el papel se ha demostrado que es factible su fabricación, pero no tanto su combustible, que supera con creces nuestra capacidad tecnológica actual de producirlo. Lo que me mosquea es de dónde demonios sacó Gene Roddenberry, el creador de la saga, la idea de tal artilugio, hace sesenta años…


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