Burj Al Arab, el único Hotel de 7 estrellas (de momento)

¿Alguien todavía no lo conoce? El hotel Burj Al Arab (en árabe, “torre de los árabes“) es un hotel de algo más que lujo asiático, ubicado sobre una isla artificial conectada al continente por una carretera de unos 300 metros, en Dubai (Emiratos Árabes Unidos). Su altura, de 320 metros, lo convierten en el hotel más alto del mundo. Y su figura, inspirada en una embarcación a vela, lo hacen perfectamente reconocible a cualquier distancia. En el punto más alto del hotel se encuentra un helipuerto que se utiliza como cancha de tenis, cuando no hay tráfico aéreo.

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La obra se inició en 1994 y se inauguró oficialmente cinco años después. Su catalogación como el hotel de “siete estrellas”, más allá de la clasificación habitual, se debe a sus excepcionales características que realmente lo diferencian de cualquier otro hotel en el mundo. El Burj al-Arab sólo tiene suites (202, para ser exactos). La más pequeña ocupa un área de 169 m², mientras que la mayor tiene una superficie habitable de 780 m². Como ejemplo, cuesta unos 20.000 € pasar la noche en la suite Real y las suites “económicas” sobrepasan los 6.000 €/noche. Otro ejemplo, cuenta con una flota de automóviles Rolls Royce de lujo disponible para los huéspedes. Así que no puedo decir que sea “el mejor hotel del mundo”, pero sí que se trata del más lujoso. Al menos, de momento, hasta que se acabe el Burj Al Alam, que seguro que será el hotel con las habitaciones más altas…

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El Burj Al Arab dispone de seis restaurantes, entre los que destacan el Al Mahara, que se encuentra bajo el nivel del mar, ofreciendo una vista submarina a través de una cristalera en forma de acuario; y el Al Muntaha, localizado a 200 metros de altura, que ofrece una vista panorámica de la ciudad de Dubai. Está ubicado sobre una plataforma voladiza que se extiende 27 metros de cada lado del mástil, y a la que se tiene acceso a través de un elevador panorámico.

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La decoración interior del edificio estuvo a cargo de la diseñadora china Khuan Chew. Las instrucciones que el Jeque le dio a Chew para el diseño de las suites y el atrio eran: impactar e innovar. Khuan y su equipo utilizaron grandes cantidades de mármol, terciopelo y láminas de oro para adornar el edificio. Seis meses antes de su inauguración, el Jeque visitó el hotel para dar su opinión. La majestuosidad de las suites cumplió sus espectativas de demostrar lujo y grandeza, pero al ver el atrio pintado completamente de blanco, lo desaprobó. La decoradora tuvo que rediseñar la apariencia del vestíbulo, añadiendo brillantes colores en el techo, un espectáculo de luces de colores, fuentes de aguas danzantes y acuarios gigantes.

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Iremos añadiendo más información y curiosidades sobre este hotel que, de momento, ya nos dió el “leitmotiv” del nuevo Blog MisHoteles!

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